the slap post

14. The Slap, o el siga leyendo, por favor…

Anda que no tardaba en pasarme por aquí… Pero eso sí, que no escriba sobre series no quiere decir que no las vea. Y aunque ahora mismo sigo subyugada por el tardío descubrimiento de Saturday Night Live, fenómeno del que hablaré otro día, sí que he tenido oasis intelectuales en los que he seguido descubriendo joyitas.

Una de ellas, y de la que quería hablar hace mucho tiempo, porque me la vi del tirón este verano es The Slap, una serie australiana del 2011, que me recomendó por Twitter la gran Mamá corchea y yo me fié, como no. Y acerté. Porque los 8 episodios que la componen son buenísimos (a falta de un adjetivo más superlativo, que hoy tengo las neuronas cansadas, perdónenme).

¿De qué va? 

Pues el argumento es simple. Una fiesta. Un grupo de amigos y familiares. Un niño malcriado (y no es juicio personal, es un hecho). Y un bofetón por un adulto al citado niño malcriado.

Ya tenemos el follón.

theslapbook

Se trata de la versión televisiva de este libro de la izquierda, que ha sido un bestseller y que ya desde la portada te va poniendo en situación… Cuando leí el argumento pensé: ufff, vamos a meternos en líos sobre maternidad de nuevo, pero ¿aguantará una serie de 8 episodios sobre este tema? Porque apoyar la bofetada a un niño no parece que de para mucho, ¿no?

Pues me equivoqué bastante. Porque el bofetón, más allá de un estudio sobre los síes o noes sobre su idoneidad como castigo, es la sacudida que rompe un cristal aparente, una superficie en orden que escondía un universo caótico y lleno de mentiras, recovecos y malentendidos. Aunque he leído que habla sobre la conveniencia o no de los castigos corporales, no creo para nada que sea el tema real de la serie. Es más la excusa, muy buena porque lo que viene detrás está muy relacionado, pero no diría que es el tema central. Ya me lo dirán ustedes🙂

Lo bueno de esta serie es que cada capítulo lo cuenta desde la perspectiva de uno de sus protagonistas. Esto, aunque al principio a mí  me aburrió porque si ese personaje no te emociona, puede hacerte perder un poco el hilo, también tiene una gran ventaja. Y es que ves la historia desde cada perspectiva. Y claro, cómo cambia el cuento, amigos…

Lo que descubres es que más allá del hecho de si dar un bofetón al niño era merecido o no, desmedido o no, nadie es bueno o malo porque sí, o que todo hecho tiene un por qué. Porque lo que, a primera vista, es evidentemente un cuadro en blanco y negro, que hace al espectador, y a los personajes, tomar una posición muy clara desde el principio, ya sea pro o contra, se va tornando en multicolor según vas conociendo, junto a los propios personajes, las historias que se esconden tras ese bofetón.

Y amigos, las historias no son nada fáciles. Ni blancas, ni negras. Son complejas, y te dejan con la sensación de que ya no sabes nada. Y de que ya no tienes tan claro lo que en el episodio 1 sí veáis con claridad. Y te hace reflexionar mucho, muchísimo. Porque amigos, hoy en día, en esta sociedad de las noticias exprés nos quedamos con los titulares, y como mucho con las entradillas y el pie de foto. Pero muy raramente vamos más allá y nos leemos el texto completo. Y hace falta.

Además, descubres que en Australia hay muchos griegos. Oye, que ni idea tenía, mira…

Así que ahora, con todo el revuelo y memes de la nueva cara de Uma Thurman en la presentación de la versión americana de esta serie, y antes de ver si cómo suele ser, la versión original suele ser mejor, tenía que traeros aquí esta recomendación imprescindible. A los padres, y a los no padres. Da igual. Para todos.

Ah, no soporto a Melissa George y a sus morritos apretados constantemente (en serio, Melissa, eso tiene que doler!), que encima repite en la versión americana. No puedo con ella y encima tiene un capítulo para ella solita. Suerte la mía…

Aquí va el trailer americano, a ver qué tal!

The Blacklist

13. The Blacklist, o quién se comió a James Spader

Estoy aún en shock con The Blacklist, la verdad. Y no por la serie en sí.

El argumento no es que me haya dejado muerta con su originalidad. Tiene un guión así medio engañoso, lleno de trampas para el espectador y los protagonistas que a la segunda ya te estás esperando. Y como son capítulos, en teoría autoconclusivos, con una línea argumental, el pasado de la prota y de los que la rodean, pues una vez visto uno ya le coges el truquillo. Va de thriller psicológico, pero se queda en peli de prisas, carreritas y juegos de miradas intensas entre la chica prota, que ni fu ni fa y el malo-bueno-malo que sirve como confidente para la CIA: Personalmente para que me tienten mentalmente y se puedan autodenominar thriller psicológico prefiero, y con mucho, la oscuridad, los silencios y al suecazo de Hannibal.

Si te gustan las historias de espías con un par de actores reciclados de Homeland, con buenos que se convierten en malos y viceversa, y que te cambien la historia en un minuto, pues adelante. No creo que defraude mucho dentro de lo que propone: buenos, ejem, persiguen a los “high level” de los malísimos gracias a la ayuda de uno de ellos, que es la sorpresa y el shock de la serie, al menos para mí…

Un señor entrado en años y en carnes y con un afeitado radical que gracias a las fotografías de su pasado he descubierto que era ¡James Spader! Por dios, James, ¿qué te ha pasado? ¡Pero si hace nada eras un muchacho! Vale que no te he seguido en Boston Legal, y que tal vez ahí ya se te iba viendo coger carrerilla, pero el susto ha sido como para caer de espaldas. Y sí, ya ha llovido desde Sexo, mentiras y cintas de vídeo pero James, James, ¡es que no pareces el mismo!

En fin, una vez sobrellevado el sustaco monumental, tengo que decir que el personaje me gusta lo suficiente para seguir viendo la serie al menos un par de capítulos más y me convence en su estado medio envejecido. No seré yo quien le ataque por llevar con naturalidad sus añetes, faltaría más. Y además, al tipo que interpreta le da verosimilitud. Mola ver personas con edades más reales en pantalla, porque sí que es cierto que cuando veo a su colega Dylan McDermott en American Horror Story o en Hostages y piensas que se llevan un añito de diferencia… ¡madre mía!

Resumiendo, que la serie se deja ver, aunque no me impacta ni creo que deje huella en la historia de las series.

The crazy ones

12. The Crazy Ones, y la publicidad más histriónica

The Crazy Ones es una cosa raruna, la verdad. Cuando vi la sinopsis, que incluía una agencia de publicidad hoy en día, me pareció interesante por deformación profesional, al menos para empezar a verla y decidir si la descartaba o no. Los protagonistas, sin embargo, me dejaron con el ceño fruncido: Robin Williams, que puede ser too much a veces y Sarah Michelle Gellar, ni más ni menos que la mismísima Buffy Cazavampiros. Ufffffffffffffff.

Con más miedo que vergüenza me puse los dos primeros capítulos y aquí mis conclusiones:

Robin Williams parece que se ha tomado algo en dosis seguramente ilegales. No es normal ese muestrario de ticks, muecas, gestos rarunos, voces, y espasmos en 20 minutos que dura el capítulo. Claro, alguna de todas esas muestras de locura tiene gracia, pero, en mi opinión, tanto histrionismo es demasiado histrionismo y desborda. Y satura.

– La otra en cuestión, Sarah Michelle Gellar, para mí siempre será Buffy, qué le vamos a hacer. Y no es que lo haga mal. Ni bien. Es que no me convence. No me la creo para nada como publicitaria. Está como muro de contención de su padre, el amigo Robin, y no como un personaje con entidad. Que claro, para 20 minutos aguantando las muecas de Williams, ¿para qué queremos un personaje consistente? Con responder a la incontinencia verbal del primero, estar mona y saberse el guión tiene suficiente.

– Me gustan y me parecen un acierto (aunque dudo que dure mucho la serie, la verdad) los secundarios. Tanto James Wolk, los seguidores de Mad Men le conocemos como Bob Benson, está claro que lo suyo son su sector es la publicidad, como Hamish Linklater al que nos encontrábamos como el causante de los problemas de la segunda temporadas de The Newsroom, son estupendos y aportan unos minutos de frescura a la sesión de “cómo me parto conmigo mismo” de Williams.

– Obviamente no es, para nada, un reflejo de la realidad publicitaria. Si acaso sería más parecido a un parque de atracciones con Williams como entretemiento único. Quien busque algo de contenido real, que busque otra serie, por favor.

No creo que siga mucho tiempo en la parrilla. La serie de David E. Kelley es totalmente evitable, prescindible y no pasará a la historia.

Ahora bien, si podéis, os recomiendo encarecidamente que veáis el primer capítulo, única y exclusivamente para deleitaros con una de las escenas que más risa me han producido en mucho tiempo. Williams y Wolk convirtiendo un anuncio de MacDonalds en algo sexual frente a Kelly Clarkson. Solo por ese minuto merece la pena haber empleado unos minutos en ella, así que no os lo perdáis.

Cult cutre-reseña

Los pilotos que no amé

Cult cutre-reseñaHoy voy a contaros algunas series que he empezado a ver y que no continuaré salvo que dejen de programar más series y no tenga otra cosa que hacer. Me pasa como con los libros, si no me gustan al empezarlos, no me fustigo obligándome a terminarlos. Ya tengo bastantes obligaciones pesarosas como para ponerme más. Pues no.

Desde el verano he empezado un porrón de series y estas son las que se han quedado en el camino con más o menos honrilla:

– Cult: mala no, horripilante. Un engendro televisivo que mezcla realidad y ficción en una cutreproducción donde parece que hay muchos malos y pocos buenos. Y los pocos buenos son medio lelos.  Lo que llegué a entender en ese galimatías era algo parecido a una serie, dentro de la serie, sobre un malo, malísimo que dirigía una secta de malos que mataban gente no solo en la tele sino también fuera.  Uno de los incautos que se ha enganchado y que parecía haber descubierto algo sobre el malo desaparece, y es el hermano del protagonista tonto. Así que ya tenemos el lío montado. Insufrible.

Y solo vi el piloto, pero me dio la sensación de que los guionistas habían visto demasido Lost y estaban experimentando con el público las consecuencias de una ingesta inadecuada de series e intraseries.

Cancelada tras 7 episodios. Nadie les llorará. Espero.

– Mimic: pues no es que fuera mala del todo, es que no me enganchó para nada. El piloto nos presenta a un tipo muy normalucho que pone voces e imita a todo quisqui. Todo quisqui conocido y reconocido seguramente por el público anglosajón, porque desde luego yo me quedé igual. Imagino que será como si ven La hora de José Mota en Inglaterra. Ni papa. Y eso que con Little Britain sí que me reí, debe ser que eran más universales los tipos, pero este desde luego, sin ser gags, sino algo más bien sosete, pues como que no…

The Wright Way: ni he podido terminar el piloto. Una comedia de situación sobre un señor inglés que vive con su hermana lesbiana y la novia de esta. Bodrio insoportable. Cancelada en la primera temporada, gracias BBC, dedicaros a cosas mejores como Sherlock por favor, que me muero de ganas de volver a disfrutarla.

Defiance, es una de ciencia ficción, que se desarrolla en un futuro apocalíptico con muchas razas distintas, acción y complot político entre medias. No soy mucho de este tipo de guiones salvo que sean espectaculares y los actores sean la leche. No es el caso. No me interesó la historia de los refugiados con sheriff incluida en Defiance, ni la del protagonista y su hija adoptada extraterrestre, el personaje más interesante para mí. No es que sea mala, y seguramente habrá segunda porque están preparando conexión con videojuegos. Ya lo veremos. Bueno, yo no. Me recuerda un poco al western Hell on wheels, otra que abandoné tras el piloto. No son mi tema.

Back in the game, no es de las peores. Una madre separada que vive junto a su hijo en casa de su padre, un personajo que no veas, y que es, en realidad, el prota de la serie. Con el béisbol como fondo, deporte que me aburre soberanamente, en realidad es una comedia ligerita que se deja ver si no hay otra cosa. Pero como sí que hay, pues fin de la historia.

Continuum,  ciencia ficción, con algo de ciberpunk, que no está del todo mal pero que tampoco me aportó nada nuevo. Un detective de 2077 se encuentra en la tesitura de tener que salvar a la ciudad de New York viajando en el tiempo. Tiene cosas previsibles y un poco lenta. A lo mejor me reengancho en algún momento pero lo más probable es que me pase como con Flashforward, una tomadura de pelo que abusó del recurso que le da nombre tras el tirón de Lost, de la que me desenganché en cuanto vi el percal y que finalmente fue cancelada, provocando la furia de todos los que la seguían para saber qué pasaba al final (básicamente porque el final era de traca)…

Y hay más con las que he aguantado hasta tres capítulos, pero eso será otro día. Por hoy ya vamos servidos de descartes. Y hay muchísima serie por destripar!

 

The Newsroom

11. The Newsroom, una serie estupenda que no siempre entiendo

The NewsroomEsta serie engancha, a mí al menos me ha enganchado.  Tiene buenos actores, muy buenos guiones, personajes no excesivamente molestos en general, con algunos momentos brillantes y con muchas, muchas palabras. Y es que hablan mucho. Muchísimo. Y muy rápido.

No es que tenga nada contra la costumbre de hablar tanto y a tanta velocidad, pero cuando te gusta ver series y pelis en versión original y has sido lo suficientemente perro como para no descargarte los subtítulos, entender sin perderte ni un poco los diálogos, monólogos a veces de Jeff Daniels o de Emily Mortimer era misión imposible. Además de saberse el texto de maravilla, encima es que mezclan temas de lo lindo, que no me parece mal porque yo también lo hago, y lo que iba para discurso sobre el Tea Party (que algún día acabaré de entenderlo) termina siendo una disertación sobre la vida amorosa del protagonista, su ego o cualquier otro tema que se les ocurriera a los guionistas. Que no digo que no me parezca bien, que noooo. Que lo único que digo es que a veces, solo a veces, eran un pelín complicados de seguir…

Vamos, con lo despacico y lo bien que habla Charlie, el fantástico Sam Waterston, que da una paz ese hombre…

Pero bueno, tengo que reconocer que los diálogos acelerados, surrealistas muchas veces y salpicados de múltiples referencias americanas (que también se pueden escapar) son también uno de los principales alicientes de esta serie. Si no fuera por esa chispa, y porque de repente los personajes parezca que se han vuelto locos, me parecería menos interesante, menos colorida.

Soy periodista y supongo que empecé a verla por eso, igual que empecé a ver Mad Men porque también he trabajado en publicidad y me atraía enormemente ver cómo representaban ambas series esos mundos. Pero la verdad es que en ambos casos la serie supera la realidad con sus tramas y se universalizan muy bien. Aunque a los segundos, sin subtítulos los entiendo mucho mejor que a los de Aaron Sorkin.

Si tengo que elegir, el personaje que menos me gusta a lo largo de las dos temporadas es el de Maggie. Ummmm, no, no me convence nada, ni me lo creo mucho, ni empatizo con ella ni con sus circunstancias. Lo del autobús y Sexo en Nueva York y la jugada del vídeo en Youtube no me lo creo, sorry.

Jeff Daniels, el impertérrito, … Me gusta cuando la caga, pero esa persistencia en contarnos que es republicano y ataca a todos por igual, pues me cansa bastante. Pero bueno, en general bien. Ella, Emily Mortimer me encanta por su acento british mucho más sencillo de pillar, y bastante desquiciada. Me gustan como pareja y aunque me desconciertan algunas de sus luchas dialécticas, son de lo mejorcito de la serie.

Como lo son Sloan y Don, dos personajes secundarios, muy inteligentes y  que van ganando con los episodios y que se han convertido en mis preferidos. El puñetazo de Sloan a un ex malvado es, aunque explícitamente violento, también tremendamente reconfortante como espectadora maliciosa.

He visto por ahí que tienen tercera temporada, así que lo celebro con champán, o cava. O café, si vale.

Boss

10. Reseña invitada: Boss by Cruz de Entremadres

BossBoss: corrupción en serie

Para todos los que hemos sido fans del psiquiatra Frasier Krane (Kelsey Grammer) ver ahora su rostro dentro de un personaje radicalmente opuesto, lleno de ambición, despotismo, malicia y todas las “virtudes” que van relacionadas con el poder, choca bastante durante el primer capítulo de “Boss”. Poco después, has olvidado a aquel buenazo finolis que se encargaba de su padre para temer a este oscuro Tom Kane, que no es sino la representación de todos los males de la corrupción política.

Tan acostumbrados estamos ahora a leer en la prensa los casos Nóos, Gurtel, Faisán, las ITV, los ERES, que en esta serie de ficción que emite Canal + en España (en antena actualmente la segunda temporada) no nos deja asombrados ni mucho menos sino que nos sirve de ejemplo pedagógico de cómo funciona de verdad la política: un tira y afloja de favores y rencores con sus consecuentes premios y castigos, donde las necesidades de los ciudadanos no son más que una mera moneda de cambio para que los que manejan los hilos se lucren.

Además de un potente guión y unos personajes atractivos, que se mueven en la ciudad de Chicago, la realización es sobresaliente, con un toque distintivo que le hace destacar: el gusto por los planos cortos en algunas escenas, con la intención de hacer hincapié sutilmente en detalles de los personajes.

El interés (y el consecuente enganche) va “in crescendo”. Nunca sabes con qué maniobras te van a sorprender los guionistas y el final de la primera temporada es de los que te dejan con los ojos como platos deseando comentarlo, porque tiene su miga. Es bastante paradójico disfrutar con una serie como esta en la que vemos los engranajes de cómo somos engañados los ciudadanos por la clase política, en cuyas manos somos marionetas… Marionetas a las que nos gustan las buenas series, y “Boss” sin duda lo es.

He visto la segunda de “Boss”,a la vez que la primera de “House of Cards”, entre otras, un pedazo de serie de la que seguro que habrá una reseña pronto por aquí que lleva la trama política a un escalón superior: Washington . He de reconocer que no veo los telediarios porque si además de la corrupción que me estoy chutando en formato serie me trago la de la realidad, creo que acabaría en la cárcel por intento de homicidio.

“Boss” fue nominada en los Globo de Oro de 2011 como mejor serie de televisión y Kelsey Grammer ganó como mejor actor de serie de televisión.

Cruz es periodista y una de las dos madres de Entremadres, un blog hecho a pachas con Laura, donde ambas se desahogan o reflexionan sobre la maternidad, o nos ilustran con sus historias de amor familiares. Gracias Cruz, ¡yo ésta aún la tengo pendiente!

Hannibal

9. Hannibal, o el carnicero exquisito

HannibalEmpecé  a verlo sin mucha confianza, como quien empieza a ver una de Antena 3 a mediodía. La peli del Silencio de los corderos me gustó pero tampoco soy superfan de las novelas. Pero bueno, me apetecía ver qué aportaba la serie…

Los primeros capítulos son raros y me costó meterme en situación. No entendía cosas, pero creo que no es que sea demasiado corta, que también, sino que tienen elipsis argumentales a propósito. Vamos, que van de listos los guionistas. Además, por impaciente, los vi en versión original sin subtítulos y cuando hablaba el personaje que interpreta a Hannibal me las veía y me las deseaba para entenderle. Vamos, que me lo tragué dos veces para entenderlo del todo. Que algún ilustrado me explique si Hannibal era danés en el original, porque el prota malo lo es.

El caso es que te vas enganchando, a pesar de que, en mi norma, el protagonista (cotilleo, es la pareja de Claire Danes, la prota de Homeland), el profesor y colaborador del FBI que analiza las escenas del crimen poniéndose en el lugar del asesino, me cae fatalmente fatal. Es muy blandengue, me pone nerviosa tanto tembleque y tanto atormentamiento que lleva el muchacho encima, y encima cuando está en pantalla con el tiparrón que hace de Hannibal pierde puntos a porrón. Y es que ese señor es mucho señor! Qué porte, qué prestancia, qué pose, qué mirada, cómo llena la serie cuando él está…

El otro personaje principal, un inmenso (por volumen) Lawrence Fishburne, que para mí siempre será Morfeo haga lo que haga, pues está. Pero no llego a pillarle el aire del todo, sus motivos y tal. Pero creo que está en la línea de la serie, cosas que te ocultan, silencios y fundidos en negro sobre algo que más adelante te traerán para que te quedes así con cara de pringao.

La atmósfera es agobiante, va de menos a más en la violencia explícita, y eso que hay cuerpos desmembrados desde el minuto 1, casi todas las escenas de interior son con las cortinas cerradas, sin ver el sol, con un zumbido de fondo que da cosilla. Que te hueles que va la cosa mal, de todas todas… Y todas las alarmas saltan, ese radar de superespectador de serie cuando ves a Hannibal cocinar, ahí se te ponen los pelos de punta. Y la de platos que se sabe el hombre con casquería, ¡madre mía!

Y sí, según va pasando la temporada, los colmillos se van afilando y vamos viendo más carnaza, nunca mejor dicho. Así que soy muy optimista, al final tendremos escena sangrienta con el danés asegurada. ¡Yupi!