Month: February 2013

3. American Horror Story I y II: historias bizarras para no dormir

Cartel 1A mí me han encantado. Las dos. Debe ser que me va el horror más que a Bono, el del PP, un pelo sin familia al que acoger. Me encanta el miedo, que no la angustia. Y estas dos temporadas han sido justo la dosis de sangre, monstruos, nazis, fantasmas, psicópatas y engendros varios que necesitaba para comprobar que, ciertamente, la realidad siempre supera la ficción.

A ver, la primera temporada fue mucho más divertida. La historia de familias disfuncionales y fantasmas más disfuncionales aún me atrajo desde el primer día. Sobre todo porque a pesar de que daba un poco de miedillo, de esos en lo que apartas un poco la mirada de la pantalla cuando intuyes un sustaco, tenía un sentido del humor y un morbazo sexual explítico que hacía las escenas más tenebrosas mucho más llevaderas.

No me gustaban los protas, no los actores, sino sus personajes. Tanto el matrimonio que vive problemas conyugales como la hija adolescente y conflictiva me resultaron antipáticos desde el principio. Pero cuando entran en acción los secundarios, ahhhh, la cosa cambia. Qué secundarios de lujo, esa señorona que es Jessica Lange y que desde que entra en escena sabes que mola, ese chaval atormentado y con secretos turbios que conquista a la hija, esa sirvienta a ratos anciana de mirada distraída, a ratos pibonazo calenturiento… Podría hablar de todos los personajes y me quedaría corta. Me gustan todos. Menos los protas. Quizás por eso me encanta como se desarrollan los acontecimientos. Y no cuento nada más porque aquí los espoilers son de cadena perpetua.

En cuanto a la segunda temporada, la empecé con pena porque me cambiaban el escenario. Ya no estábamos en la mansión encantada de la primera, sino en un asilo claustrofóbico, oscuro y lleno de gritos que estuvo a punto de hacerme tirar la toalla, o el torrent, como se quiera ver. Menos mal que aguanté los cuatro o cinco primeros capítulos y tiré para adelante sin mirar atrás, porque ahora que la he finiquitado me alegro infinito.

Repiten algunos actores de la anterior, inmejorable Jessica Lange, que debió dejarse años de vida en ese papel de monja durísima con buen fondo, muy muy muy al fondo, o Zachary Quinto, ese súper malo de Heroes, pero no sus personajes. Toca resetear el sistema y borrar lo aprendido para verla sin prejuicios porque no tiene mucho que ver con la predecesora. Menos sentido del humor, más drama, más ida de olla de los guionistas en cuanto a torturas, ensañamientos sangrientos y giros de esos de “¿qué se han tomado estos para escribir eso?” y más negrura existencial. Debían estar pasando por un mal divorcio, una inspección fiscal o una etapa dura con las almorranas, porque las perrerías a los protagonistas son interminables. Además, de vez en cuando aparecen subtramas o personajes que más que aportar, distraen, como el Papá Noel asesino o la pareja de enamorados que abren la temporada. Prescindibles, para mí.

Menos mal que el hilo argumental sobrevive a las escenas gore y alucinógenas y encontramos algo de aire al final, para cerrar el círculo y alegrarnos al menos de haber sido capaces de terminarla y no haber vomitado en el intento.

Recomendables ambas temporadas si te gustan las tramas medio absurdas pero bien construidas, Jessica Lange, los fantasmas y/o la muerte en toda su amplitud y posibilidades y que los guionistas jueguen cruelmente con sus personajes, siempre y cuando al final te dejen a ti satisfecho.

Ah, y la cabecera, de Cesar Dávila, es la leche, especialmente en la primera temporada. Lo mejor que he visto en mucho tiempo.

Advertisements