Month: April 2013

6. Vikings, una serie de machotes

VikingsQue los vikingos eran brutotes, y rubios, lo tenía más o menos claro. Que no llevaban cuernos lo escuché el otro día en un programa de viajes de no sé qué canal (como veréis, precisión y gusto por el detalle, jeje). Que les gustaba más un barco que a un tonto un lápiz, pues también, más o menos, era fácil de esperar. Que Thor era también un bestia, bueno, como el resto de los dioses, que no se andaba ninguno con chiquitas.

Hasta ahí toda mi sabiduría sobre los vikingos y sus costumbres. Así que cuando en el listado de la EZTV que visito a diario aparecieron los “amables” rubiacos me picó la curiosidad. ¿Qué podía esperar de una serie con tintes históricos firmada por el mismo tipo que hizo Los Tudor, osea Michel Hirst, de la cual me echaré una cutre-reseña pronto? Pues por lo menos una buena factura, estupenda banda sonora, una ambientación muy cuidada, aunque no seré yo quien detecte si cometen errores de bulto en el vestuario o el idioma, y en definitiva, una serie entretenida. Desde luego, los paisajes son de impresión, los actores son bastante desconocidos, y también bastante nórdicos y guaperas, los muy rubios, salvo el impagable Gabriel Byrne, que además de moreno y con pinta de primo adoptado, es bien conocido y, además, así como medio maluno.

Y, si Girls estaba claro que es y será una serie de chicas, aquí no puedo más que confirmar lo contrario. Es una serie de, por y para machotes de pelo en pecho y muchas ganas de romper mesas con los pectorales mientras gruñen, ven la Super Bowl y escuchan el Larguero en el pinganillo (¿lo siguen poniendo, a todo esto?).

Y he de decir que a mí me ha cansado bastante toda esa violencia explícita que desprenden esos seres medio primitivos y buenorros con toques trascendentales y de “soy algo más que un bruto que mato gente cuando bajo de mi barco y voy a descubrir el Oeste…” Pues mira que bien.

Y esas mujeres vikingas… Qué voy a decir de las palizas que se pegan marido y mujer rubios y vikingos para arreglar sus diferencias conyugales… Pues que la verdad es que molan, para que nos vamos a engañar. Al menos dan caña hasta que las ponen en su sitio, que para algo era el siglo 9 d.C, ¿pero dónde vas con esas ínfulas, chata? Que aunque pegues mandobles a discreción eres la esposa y a ti no te toca navegar y descubrir mundo, lo tuyo es quedarte en casa con los críos y cuidarme el ganado, mujer! En fin, el personaje de la mujer tiene recorrido y parece interesante, pero no me termina de enganchar. Será que no me la creo mucho, será que, como su santo, pone cara de “te voy a dar un mamporro que te voy a poner los dientes de corona” y como que no me cae bien.

Resumiendo, que es una mini-serie de aventuras movidita, de bastante batallita y mucho barbudo gritón. El protagonista no me encanta, y el argumento, héroe que desafía las leyes y lo establecido para descubrir nuevas tierras y la gloria, pues que me deja un poco como igual. Dicen que habrá segunda temporada. Por si se entusiasman con la primera o se encariñan con los protagonistas.

Porque aunque no sea mi preferida, la serie mala, mala, no es. Y al menos es corta. Que eso, en ciertos casos, es de agradecer.

Se la recomiendo: a los amantes de la historia menos romántica y con violencia más realista, sin efectos especiales notables y actores desconocidos.

5. Reseña invitada: Sons of Anarchy by Mamá en Alemania

Sons of AnarchyNo tengo ni idea de cómo empecé viendo esta serie, y es que así como buena pinta no tiene.

Además, que a mí ni me gustan las motos, ni los cueros, ni el rollo rock and roll macarra con rosas tatuadas.

Para colmo de males, la primera impresión durante el primer capítulo es la de un grupo de viejetes en moto, un club en decadencia y un garage. Y ya. Todos muy viejos y como pasados de rosca.

Pero algo tuvo la trama, que me dejó como en suspense, y así fui encadenando capítulos como una energúmena hasta acabar la quinta temporada casi sin uñas y cruzando los dedos para que la sexta salga pronto.

Sons of Anarchy es un dramón a la altura de Dallas. Pero en moto. Hay de todo:

Acción, amor, secretos desenterrados, dramas familiares, intriga, traición. Un culebrón, vamos. Pero de los que molan; de esos en los que los personajes te van cayendo mal, luego bien, luego mal otra vez, luego no sabes muy bien. Los malos no son malos del todo, los buenos tampoco son santos, la policía no es tonta, aunque a veces lo parece. Todo muy normal y muy extraordinario al mismo tiempo. Y en moto, claro, pero eso ya lo había dicho.

La trama gira, sobre todo, en torno al club, Sons of Anarchy, que resulta ser una tapadera con visos de secta, para el tráfico de armas. Así dicho suena mal – y es malo – pero, de alguna manera, los miembros te acaban pareciendo justicieros. Ellos vigilan que no haya drogas en su ciudad, vengan a mujeres maltratadas o violadas, a comerciantes víctimas de otras mafias… y adoran a su club por encima de todo.

Como en todas las series que llevan ya unas cuantas temporadas a sus espaldas, hay algunas mejores y otras peores, pero son todas buenas. Y los actores, geniales.

Eso sí, es una serie como para empezar a finales de otoño, porque es para zampársela entera y del tirón. Aunque no te gusten las motos ni el rock and roll.

*Mamá en Alemania es una bloguera virtuosa, teóloga, madre de tres criaturas, bienpensante (y a veces, también malpensante) y publica libro ya mismo. No se lo pierdan, o se les quedará la boca como al prota de Homeland, atrofiada y de piñón. Quién avisa…

4. Homeland, o cómo amar una serie y odiar a sus protagonistas

HomelandYa he terminado la segunda temporada de Homeland y no puedo negar que me ha encantado, una vez más. Si la primera temporada te mantiene hasta el último segundo con el culo apretado y sin saber muy bien si el tio pelirrojo es bueno o malo, y si va saltar todo por los aires o no, en la segunda temporada el final también te deja con esa sensación.

Es bastante rápida, casi siempre y te mantiene atento y deseando ver qué pasa en cada capítulo, vamos, lo normal en una serie de intriga. Solo hay algunos capítulos en los que se atasca un poco la trama, igual que en la primera temporada, porque le dedica casi más tiempo a los sentimientos de los personajes que a la trama de espionaje. Y claro, al menos para mí, los personajes principales, casi todos, son lo más odioso del mundo.

El pelirrojo protagonista: parece que no es capaz de abrir la boca por una secuela de la guerra esa en la que estaba metido. Es una mueca perpetua y se pasa la serie sudando. No lo soporto, desde el minuto uno quiero que explote él mismo, que se autoinmole y que nos deje tranquilos.

La rubia, sí, la de Es mi vida y sí, es insufrible: Se pasa de atormentada y de tics de enferma. Tampoco la soporto, ni empatizo con ella, ni la entiendo porque aunque esté enamorada del boquita de piñón y el amor es ciego, es para abofetearla sin parar durante toda la serie. Parece que se le van a salir los ojos de las órbitas en cada escena y no hay mujer ni detective ni enferma mental que no se toma las pastillas más odiosa.

La hija babosa: si a los de antes les tengo poco aprecio, a esta sí que la fulminaba del guión a porrazos con la máquina de escribir de las de antes, las que pesaban ocho kilos cada una. A la adolescente parece que le han encargado el papel de ser la niña repelente más metomentodo, insulsa, deprimente y alargamangas de los jerseys que me he echado a la cara, y la subtrama de la segunda temporada con la niña como protagonista era el momento que si hubiera podido hubiera aprovechado para ir al servicio o cambiar de canal. No me aportaba nada útil, se pasaba el día llorando y encima no se le entendía nada cuando hablaba. Algo que he de reconocérselo a los guionistas coincide con su padre, mira tú.

Estos tres son el objeto de mi iras y por los que más de una vez he pensado en abandonar la serie.

Pero teniendo en cuenta que me recordaba mucho a mi amada, mi adorada, mi vilipendiada Rubicon, y no es casualidad ya que compartían guionistas, y el papel fundamental del mejor personaje de la serie, el estupendo y casi irreconocible Mandy Patinkin, alguien a quien creo que toda mi generación conoce y venera por ese gran “hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate para morir”, pues no he cedido ante los protagonistas.

Y seguiré hasta la tercera. Así soy de masoquista.

Y aquí les dejo una parodia con la que me reí de lo lindo, qué grandes los de Saturday Night Live!