Month: October 2013

13. The Blacklist, o quién se comió a James Spader

Estoy aún en shock con The Blacklist, la verdad. Y no por la serie en sí.

El argumento no es que me haya dejado muerta con su originalidad. Tiene un guión así medio engañoso, lleno de trampas para el espectador y los protagonistas que a la segunda ya te estás esperando. Y como son capítulos, en teoría autoconclusivos, con una línea argumental, el pasado de la prota y de los que la rodean, pues una vez visto uno ya le coges el truquillo. Va de thriller psicológico, pero se queda en peli de prisas, carreritas y juegos de miradas intensas entre la chica prota, que ni fu ni fa y el malo-bueno-malo que sirve como confidente para la CIA: Personalmente para que me tienten mentalmente y se puedan autodenominar thriller psicológico prefiero, y con mucho, la oscuridad, los silencios y al suecazo de Hannibal.

Si te gustan las historias de espías con un par de actores reciclados de Homeland, con buenos que se convierten en malos y viceversa, y que te cambien la historia en un minuto, pues adelante. No creo que defraude mucho dentro de lo que propone: buenos, ejem, persiguen a los “high level” de los malísimos gracias a la ayuda de uno de ellos, que es la sorpresa y el shock de la serie, al menos para mí…

Un señor entrado en años y en carnes y con un afeitado radical que gracias a las fotografías de su pasado he descubierto que era ¡James Spader! Por dios, James, ¿qué te ha pasado? ¡Pero si hace nada eras un muchacho! Vale que no te he seguido en Boston Legal, y que tal vez ahí ya se te iba viendo coger carrerilla, pero el susto ha sido como para caer de espaldas. Y sí, ya ha llovido desde Sexo, mentiras y cintas de vídeo pero James, James, ¡es que no pareces el mismo!

En fin, una vez sobrellevado el sustaco monumental, tengo que decir que el personaje me gusta lo suficiente para seguir viendo la serie al menos un par de capítulos más y me convence en su estado medio envejecido. No seré yo quien le ataque por llevar con naturalidad sus añetes, faltaría más. Y además, al tipo que interpreta le da verosimilitud. Mola ver personas con edades más reales en pantalla, porque sí que es cierto que cuando veo a su colega Dylan McDermott en American Horror Story o en Hostages y piensas que se llevan un añito de diferencia… ¡madre mía!

Resumiendo, que la serie se deja ver, aunque no me impacta ni creo que deje huella en la historia de las series.

The crazy ones

12. The Crazy Ones, y la publicidad más histriónica

The Crazy Ones es una cosa raruna, la verdad. Cuando vi la sinopsis, que incluía una agencia de publicidad hoy en día, me pareció interesante por deformación profesional, al menos para empezar a verla y decidir si la descartaba o no. Los protagonistas, sin embargo, me dejaron con el ceño fruncido: Robin Williams, que puede ser too much a veces y Sarah Michelle Gellar, ni más ni menos que la mismísima Buffy Cazavampiros. Ufffffffffffffff.

Con más miedo que vergüenza me puse los dos primeros capítulos y aquí mis conclusiones:

Robin Williams parece que se ha tomado algo en dosis seguramente ilegales. No es normal ese muestrario de ticks, muecas, gestos rarunos, voces, y espasmos en 20 minutos que dura el capítulo. Claro, alguna de todas esas muestras de locura tiene gracia, pero, en mi opinión, tanto histrionismo es demasiado histrionismo y desborda. Y satura.

– La otra en cuestión, Sarah Michelle Gellar, para mí siempre será Buffy, qué le vamos a hacer. Y no es que lo haga mal. Ni bien. Es que no me convence. No me la creo para nada como publicitaria. Está como muro de contención de su padre, el amigo Robin, y no como un personaje con entidad. Que claro, para 20 minutos aguantando las muecas de Williams, ¿para qué queremos un personaje consistente? Con responder a la incontinencia verbal del primero, estar mona y saberse el guión tiene suficiente.

– Me gustan y me parecen un acierto (aunque dudo que dure mucho la serie, la verdad) los secundarios. Tanto James Wolk, los seguidores de Mad Men le conocemos como Bob Benson, está claro que lo suyo son su sector es la publicidad, como Hamish Linklater al que nos encontrábamos como el causante de los problemas de la segunda temporadas de The Newsroom, son estupendos y aportan unos minutos de frescura a la sesión de “cómo me parto conmigo mismo” de Williams.

– Obviamente no es, para nada, un reflejo de la realidad publicitaria. Si acaso sería más parecido a un parque de atracciones con Williams como entretemiento único. Quien busque algo de contenido real, que busque otra serie, por favor.

No creo que siga mucho tiempo en la parrilla. La serie de David E. Kelley es totalmente evitable, prescindible y no pasará a la historia.

Ahora bien, si podéis, os recomiendo encarecidamente que veáis el primer capítulo, única y exclusivamente para deleitaros con una de las escenas que más risa me han producido en mucho tiempo. Williams y Wolk convirtiendo un anuncio de MacDonalds en algo sexual frente a Kelly Clarkson. Solo por ese minuto merece la pena haber empleado unos minutos en ella, así que no os lo perdáis.

Cult cutre-reseña

Los pilotos que no amé

Cult cutre-reseñaHoy voy a contaros algunas series que he empezado a ver y que no continuaré salvo que dejen de programar más series y no tenga otra cosa que hacer. Me pasa como con los libros, si no me gustan al empezarlos, no me fustigo obligándome a terminarlos. Ya tengo bastantes obligaciones pesarosas como para ponerme más. Pues no.

Desde el verano he empezado un porrón de series y estas son las que se han quedado en el camino con más o menos honrilla:

– Cult: mala no, horripilante. Un engendro televisivo que mezcla realidad y ficción en una cutreproducción donde parece que hay muchos malos y pocos buenos. Y los pocos buenos son medio lelos.  Lo que llegué a entender en ese galimatías era algo parecido a una serie, dentro de la serie, sobre un malo, malísimo que dirigía una secta de malos que mataban gente no solo en la tele sino también fuera.  Uno de los incautos que se ha enganchado y que parecía haber descubierto algo sobre el malo desaparece, y es el hermano del protagonista tonto. Así que ya tenemos el lío montado. Insufrible.

Y solo vi el piloto, pero me dio la sensación de que los guionistas habían visto demasido Lost y estaban experimentando con el público las consecuencias de una ingesta inadecuada de series e intraseries.

Cancelada tras 7 episodios. Nadie les llorará. Espero.

– Mimic: pues no es que fuera mala del todo, es que no me enganchó para nada. El piloto nos presenta a un tipo muy normalucho que pone voces e imita a todo quisqui. Todo quisqui conocido y reconocido seguramente por el público anglosajón, porque desde luego yo me quedé igual. Imagino que será como si ven La hora de José Mota en Inglaterra. Ni papa. Y eso que con Little Britain sí que me reí, debe ser que eran más universales los tipos, pero este desde luego, sin ser gags, sino algo más bien sosete, pues como que no…

The Wright Way: ni he podido terminar el piloto. Una comedia de situación sobre un señor inglés que vive con su hermana lesbiana y la novia de esta. Bodrio insoportable. Cancelada en la primera temporada, gracias BBC, dedicaros a cosas mejores como Sherlock por favor, que me muero de ganas de volver a disfrutarla.

Defiance, es una de ciencia ficción, que se desarrolla en un futuro apocalíptico con muchas razas distintas, acción y complot político entre medias. No soy mucho de este tipo de guiones salvo que sean espectaculares y los actores sean la leche. No es el caso. No me interesó la historia de los refugiados con sheriff incluida en Defiance, ni la del protagonista y su hija adoptada extraterrestre, el personaje más interesante para mí. No es que sea mala, y seguramente habrá segunda porque están preparando conexión con videojuegos. Ya lo veremos. Bueno, yo no. Me recuerda un poco al western Hell on wheels, otra que abandoné tras el piloto. No son mi tema.

Back in the game, no es de las peores. Una madre separada que vive junto a su hijo en casa de su padre, un personajo que no veas, y que es, en realidad, el prota de la serie. Con el béisbol como fondo, deporte que me aburre soberanamente, en realidad es una comedia ligerita que se deja ver si no hay otra cosa. Pero como sí que hay, pues fin de la historia.

Continuum,  ciencia ficción, con algo de ciberpunk, que no está del todo mal pero que tampoco me aportó nada nuevo. Un detective de 2077 se encuentra en la tesitura de tener que salvar a la ciudad de New York viajando en el tiempo. Tiene cosas previsibles y un poco lenta. A lo mejor me reengancho en algún momento pero lo más probable es que me pase como con Flashforward, una tomadura de pelo que abusó del recurso que le da nombre tras el tirón de Lost, de la que me desenganché en cuanto vi el percal y que finalmente fue cancelada, provocando la furia de todos los que la seguían para saber qué pasaba al final (básicamente porque el final era de traca)…

Y hay más con las que he aguantado hasta tres capítulos, pero eso será otro día. Por hoy ya vamos servidos de descartes. Y hay muchísima serie por destripar!

 

11. The Newsroom, una serie estupenda que no siempre entiendo

The NewsroomEsta serie engancha, a mí al menos me ha enganchado.  Tiene buenos actores, muy buenos guiones, personajes no excesivamente molestos en general, con algunos momentos brillantes y con muchas, muchas palabras. Y es que hablan mucho. Muchísimo. Y muy rápido.

No es que tenga nada contra la costumbre de hablar tanto y a tanta velocidad, pero cuando te gusta ver series y pelis en versión original y has sido lo suficientemente perro como para no descargarte los subtítulos, entender sin perderte ni un poco los diálogos, monólogos a veces de Jeff Daniels o de Emily Mortimer era misión imposible. Además de saberse el texto de maravilla, encima es que mezclan temas de lo lindo, que no me parece mal porque yo también lo hago, y lo que iba para discurso sobre el Tea Party (que algún día acabaré de entenderlo) termina siendo una disertación sobre la vida amorosa del protagonista, su ego o cualquier otro tema que se les ocurriera a los guionistas. Que no digo que no me parezca bien, que noooo. Que lo único que digo es que a veces, solo a veces, eran un pelín complicados de seguir…

Vamos, con lo despacico y lo bien que habla Charlie, el fantástico Sam Waterston, que da una paz ese hombre…

Pero bueno, tengo que reconocer que los diálogos acelerados, surrealistas muchas veces y salpicados de múltiples referencias americanas (que también se pueden escapar) son también uno de los principales alicientes de esta serie. Si no fuera por esa chispa, y porque de repente los personajes parezca que se han vuelto locos, me parecería menos interesante, menos colorida.

Soy periodista y supongo que empecé a verla por eso, igual que empecé a ver Mad Men porque también he trabajado en publicidad y me atraía enormemente ver cómo representaban ambas series esos mundos. Pero la verdad es que en ambos casos la serie supera la realidad con sus tramas y se universalizan muy bien. Aunque a los segundos, sin subtítulos los entiendo mucho mejor que a los de Aaron Sorkin.

Si tengo que elegir, el personaje que menos me gusta a lo largo de las dos temporadas es el de Maggie. Ummmm, no, no me convence nada, ni me lo creo mucho, ni empatizo con ella ni con sus circunstancias. Lo del autobús y Sexo en Nueva York y la jugada del vídeo en Youtube no me lo creo, sorry.

Jeff Daniels, el impertérrito, … Me gusta cuando la caga, pero esa persistencia en contarnos que es republicano y ataca a todos por igual, pues me cansa bastante. Pero bueno, en general bien. Ella, Emily Mortimer me encanta por su acento british mucho más sencillo de pillar, y bastante desquiciada. Me gustan como pareja y aunque me desconciertan algunas de sus luchas dialécticas, son de lo mejorcito de la serie.

Como lo son Sloan y Don, dos personajes secundarios, muy inteligentes y  que van ganando con los episodios y que se han convertido en mis preferidos. El puñetazo de Sloan a un ex malvado es, aunque explícitamente violento, también tremendamente reconfortante como espectadora maliciosa.

He visto por ahí que tienen tercera temporada, así que lo celebro con champán, o cava. O café, si vale.