Author: homoseries

5. Reseña invitada: Sons of Anarchy by Mamá en Alemania

Sons of AnarchyNo tengo ni idea de cómo empecé viendo esta serie, y es que así como buena pinta no tiene.

Además, que a mí ni me gustan las motos, ni los cueros, ni el rollo rock and roll macarra con rosas tatuadas.

Para colmo de males, la primera impresión durante el primer capítulo es la de un grupo de viejetes en moto, un club en decadencia y un garage. Y ya. Todos muy viejos y como pasados de rosca.

Pero algo tuvo la trama, que me dejó como en suspense, y así fui encadenando capítulos como una energúmena hasta acabar la quinta temporada casi sin uñas y cruzando los dedos para que la sexta salga pronto.

Sons of Anarchy es un dramón a la altura de Dallas. Pero en moto. Hay de todo:

Acción, amor, secretos desenterrados, dramas familiares, intriga, traición. Un culebrón, vamos. Pero de los que molan; de esos en los que los personajes te van cayendo mal, luego bien, luego mal otra vez, luego no sabes muy bien. Los malos no son malos del todo, los buenos tampoco son santos, la policía no es tonta, aunque a veces lo parece. Todo muy normal y muy extraordinario al mismo tiempo. Y en moto, claro, pero eso ya lo había dicho.

La trama gira, sobre todo, en torno al club, Sons of Anarchy, que resulta ser una tapadera con visos de secta, para el tráfico de armas. Así dicho suena mal – y es malo – pero, de alguna manera, los miembros te acaban pareciendo justicieros. Ellos vigilan que no haya drogas en su ciudad, vengan a mujeres maltratadas o violadas, a comerciantes víctimas de otras mafias… y adoran a su club por encima de todo.

Como en todas las series que llevan ya unas cuantas temporadas a sus espaldas, hay algunas mejores y otras peores, pero son todas buenas. Y los actores, geniales.

Eso sí, es una serie como para empezar a finales de otoño, porque es para zampársela entera y del tirón. Aunque no te gusten las motos ni el rock and roll.

*Mamá en Alemania es una bloguera virtuosa, teóloga, madre de tres criaturas, bienpensante (y a veces, también malpensante) y publica libro ya mismo. No se lo pierdan, o se les quedará la boca como al prota de Homeland, atrofiada y de piñón. Quién avisa…

4. Homeland, o cómo amar una serie y odiar a sus protagonistas

HomelandYa he terminado la segunda temporada de Homeland y no puedo negar que me ha encantado, una vez más. Si la primera temporada te mantiene hasta el último segundo con el culo apretado y sin saber muy bien si el tio pelirrojo es bueno o malo, y si va saltar todo por los aires o no, en la segunda temporada el final también te deja con esa sensación.

Es bastante rápida, casi siempre y te mantiene atento y deseando ver qué pasa en cada capítulo, vamos, lo normal en una serie de intriga. Solo hay algunos capítulos en los que se atasca un poco la trama, igual que en la primera temporada, porque le dedica casi más tiempo a los sentimientos de los personajes que a la trama de espionaje. Y claro, al menos para mí, los personajes principales, casi todos, son lo más odioso del mundo.

El pelirrojo protagonista: parece que no es capaz de abrir la boca por una secuela de la guerra esa en la que estaba metido. Es una mueca perpetua y se pasa la serie sudando. No lo soporto, desde el minuto uno quiero que explote él mismo, que se autoinmole y que nos deje tranquilos.

La rubia, sí, la de Es mi vida y sí, es insufrible: Se pasa de atormentada y de tics de enferma. Tampoco la soporto, ni empatizo con ella, ni la entiendo porque aunque esté enamorada del boquita de piñón y el amor es ciego, es para abofetearla sin parar durante toda la serie. Parece que se le van a salir los ojos de las órbitas en cada escena y no hay mujer ni detective ni enferma mental que no se toma las pastillas más odiosa.

La hija babosa: si a los de antes les tengo poco aprecio, a esta sí que la fulminaba del guión a porrazos con la máquina de escribir de las de antes, las que pesaban ocho kilos cada una. A la adolescente parece que le han encargado el papel de ser la niña repelente más metomentodo, insulsa, deprimente y alargamangas de los jerseys que me he echado a la cara, y la subtrama de la segunda temporada con la niña como protagonista era el momento que si hubiera podido hubiera aprovechado para ir al servicio o cambiar de canal. No me aportaba nada útil, se pasaba el día llorando y encima no se le entendía nada cuando hablaba. Algo que he de reconocérselo a los guionistas coincide con su padre, mira tú.

Estos tres son el objeto de mi iras y por los que más de una vez he pensado en abandonar la serie.

Pero teniendo en cuenta que me recordaba mucho a mi amada, mi adorada, mi vilipendiada Rubicon, y no es casualidad ya que compartían guionistas, y el papel fundamental del mejor personaje de la serie, el estupendo y casi irreconocible Mandy Patinkin, alguien a quien creo que toda mi generación conoce y venera por ese gran “hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate para morir”, pues no he cedido ante los protagonistas.

Y seguiré hasta la tercera. Así soy de masoquista.

Y aquí les dejo una parodia con la que me reí de lo lindo, qué grandes los de Saturday Night Live!

3. American Horror Story I y II: historias bizarras para no dormir

Cartel 1A mí me han encantado. Las dos. Debe ser que me va el horror más que a Bono, el del PP, un pelo sin familia al que acoger. Me encanta el miedo, que no la angustia. Y estas dos temporadas han sido justo la dosis de sangre, monstruos, nazis, fantasmas, psicópatas y engendros varios que necesitaba para comprobar que, ciertamente, la realidad siempre supera la ficción.

A ver, la primera temporada fue mucho más divertida. La historia de familias disfuncionales y fantasmas más disfuncionales aún me atrajo desde el primer día. Sobre todo porque a pesar de que daba un poco de miedillo, de esos en lo que apartas un poco la mirada de la pantalla cuando intuyes un sustaco, tenía un sentido del humor y un morbazo sexual explítico que hacía las escenas más tenebrosas mucho más llevaderas.

No me gustaban los protas, no los actores, sino sus personajes. Tanto el matrimonio que vive problemas conyugales como la hija adolescente y conflictiva me resultaron antipáticos desde el principio. Pero cuando entran en acción los secundarios, ahhhh, la cosa cambia. Qué secundarios de lujo, esa señorona que es Jessica Lange y que desde que entra en escena sabes que mola, ese chaval atormentado y con secretos turbios que conquista a la hija, esa sirvienta a ratos anciana de mirada distraída, a ratos pibonazo calenturiento… Podría hablar de todos los personajes y me quedaría corta. Me gustan todos. Menos los protas. Quizás por eso me encanta como se desarrollan los acontecimientos. Y no cuento nada más porque aquí los espoilers son de cadena perpetua.

En cuanto a la segunda temporada, la empecé con pena porque me cambiaban el escenario. Ya no estábamos en la mansión encantada de la primera, sino en un asilo claustrofóbico, oscuro y lleno de gritos que estuvo a punto de hacerme tirar la toalla, o el torrent, como se quiera ver. Menos mal que aguanté los cuatro o cinco primeros capítulos y tiré para adelante sin mirar atrás, porque ahora que la he finiquitado me alegro infinito.

Repiten algunos actores de la anterior, inmejorable Jessica Lange, que debió dejarse años de vida en ese papel de monja durísima con buen fondo, muy muy muy al fondo, o Zachary Quinto, ese súper malo de Heroes, pero no sus personajes. Toca resetear el sistema y borrar lo aprendido para verla sin prejuicios porque no tiene mucho que ver con la predecesora. Menos sentido del humor, más drama, más ida de olla de los guionistas en cuanto a torturas, ensañamientos sangrientos y giros de esos de “¿qué se han tomado estos para escribir eso?” y más negrura existencial. Debían estar pasando por un mal divorcio, una inspección fiscal o una etapa dura con las almorranas, porque las perrerías a los protagonistas son interminables. Además, de vez en cuando aparecen subtramas o personajes que más que aportar, distraen, como el Papá Noel asesino o la pareja de enamorados que abren la temporada. Prescindibles, para mí.

Menos mal que el hilo argumental sobrevive a las escenas gore y alucinógenas y encontramos algo de aire al final, para cerrar el círculo y alegrarnos al menos de haber sido capaces de terminarla y no haber vomitado en el intento.

Recomendables ambas temporadas si te gustan las tramas medio absurdas pero bien construidas, Jessica Lange, los fantasmas y/o la muerte en toda su amplitud y posibilidades y que los guionistas jueguen cruelmente con sus personajes, siempre y cuando al final te dejen a ti satisfecho.

Ah, y la cabecera, de Cesar Dávila, es la leche, especialmente en la primera temporada. Lo mejor que he visto en mucho tiempo.

2. Utopia: Jesus Christ!

UtopiaSolo he visto dos capítulos de esta serie británica (los que han salido, ni más ni menos) pero ya estoy en estado de shock. Me pasó algo similar con The Shadow Line, otro serión británico de los que te dejan con la boca abierta y repitiendo el Jesus Christ tras  las escenas más truculentas.

Pero Utopia es una evolución, para mí, de la anterior. Tiene una trama algo más sencilla de entender, aunque las tramas sencillas no son la especialidad de las series británicas, por eso me chiflan.

Como The Shadow Line, Utopia cuida la estética, lo que pasa fuera de plana, los silencios, lo que no vemos y lo que vemos, con la misma fuerza, generando en el espectador, vamos, en mí, no voy a generalizar, una ansiedad de esas conocidas como “ansiedad del copón”. De hecho, después de terminar ayer el segundo episodio tuve que ponerme uno de Portlandia para compensar y poder dormirme algo menos preocupada.

El argumento es de traca: un grupo de fans de un cómic (o mejor dicho, novela gráfica) llamado Utopia Experiments se conocen a través de un foro de Internet, y a ellos, cuatro simpáticos personajillos entre los que vemos a Curtis de Misfists, les empezará a pasar de todo de la mano de una pareja muy peculiar, uno de ellos el maromo del cartel, que yo cada vez que le veo me pongo a sudar…

Y sudo mucho porque en ésta y otras series británicas muere hasta el apuntador, tenga el rol que tenga (mira, como en los libros de George R R Martin) y los que parecen buenos no lo son tanto, y el malo de turno te mola más que ningún otro… Es un poco momento “confusión” pero la mezcla de personajes tarados, situaciones surrealistas llenas de planos imposibles, asesinatos imaginativos en los que no sabes si apartar la mirada o no quitarla para no perderte ni un detalle y una música hipnótica y muy adictiva eran lo que me faltaba para declarar mi amor total, incondicional y devoto a las series de nuestros vecinos.

Por cierto que para aumentar mi ansiedad tenía que estar el imprescindible Stephen Rea. Este tío, que también estaba en The Shadow Line, como no, es un “mostruo” como diría Rosario. Te está sonriendo pacíficamente, ahí, apoltronado en su sillón de tipo poderoso, cuando de repente hace una mueca y te hiela la sangre. Una pieza más de un puzzle de personajes retorcidos y siniestros que, francamente, me tiene obsesionada.

Le auguro a Utopia una vida corta pero legen-dary, al menos en mi pantalla.

Se lo recomiendo a frikis tarados como yo, mentes complicadas, amantes de Tarantino, del cómic apocalíptico y de la reina Isabel II.

Ah, que se me olvida poner una muestra de la BSO de un tipo llamado Cristobal Tapia de Veer:

1. Girls: una serie de chicas, para chicas

Girls de HBOHa empezado la segunda temporada de Girls. Esta serie, la cual, en su momento, me resistía a ver pensando que iba a ser un Gossip Girl en el lado salvaje de la vida, me sorprendió tanto que no puedo dejar de traerla aquí como mi primera cutre-reseña del año y del blog.

Como me ventilé entera la primera temporada en un plis hace unos días, cuando vi que ya estaban los dos primeros capítulos en el Eztv casi hiperventilo de alegría. Y es que no son muchas las alegrías que me da el Eztv últimamente….

Y así estaba yo, en mi fiesta privada por continuar la historia de estas chicas neoyorquinas normaluchas (feunas en el caso de la prota, gracias directores de casting) tan alejada de estereotipos y llena de sexo sin nada de glamour, cuando mi santo va y me dice que ha escuchado como otros tíos (y lo de tíos va sin acritud) despedazaban la serie sin ningún miramiento a mí se me cayó la mandíbula al suelo. Debo ser muy miope social, porque a mí me parecía cojonuda para todos los sexos, pero va a ser que no tengo ni idea de hombres y series, JA, zas en toda la boca.

Luego, reflexionando un poco, en la medida de mis limitadas condiciones, llegué a la conclusión de que, a lo mejor era cierto. A lo mejor la historia de cuatro chicas normales aunque con bastantes taras, ojo, no atrae a la masa masculina, aunque alguno conozco que sí le ha gustado. A lo mejor el hecho de que la protagonista sea rara de ver y con un cuerpo normal y no de póster de Interviú, o que los diálogos sean megarápidos y haya que estar muy atentos porque a veces te pierdes algo si no lo sigues con mucha atención, o que hablen de relaciones personales sin más hacen que no sea una serie para tíos. Pues mira, visto así, es cierto.

Pero a mí, que no soy tío, me gusta. Me encantan los diálogos confusos como la vida misma. Me cautiva la “normalidad” de Hannah, la prota, que no tiene tetas, tiene barriga y piernas ajamonadas, viste como el culo, y luce cuerpo como nadie, la tía. Me parto con la amiga judía, Shoshanna, un personaje único, tierno e imprescindible a pesar de ser secundaria. Y bueno, las otras dos amigas, las guapas,  son personajes curiosos, llenos de sorpresas y sus propios traumas, y también tienen su aquel , aunque me quedo con las otras dos.

De los personajes masculinos, destacar a Adam, el chulazo raruno de la prota fea. Tiene una voz y unos andares que ya le vale, y le conocemos como un dominatrix total en el catre, pero luego nos sorprende con un lado tierno, que claro, ahora lo veo, no puede gustar a los tíos. Ja.

Recomendable si eres tía, te gustan los personajes tarados y los diálogos rápidos.

No te la recomiendo si no eres tía. Si te gusta aún así, cuéntamelo, me gustará saber que existen excepciones.

Ah, la BSO mola mazo (me ha salido el espíritu indie que llevo dentro, perdónenme).