8.Reseña invitada: Studio 60 by Blog de Madre

Studio 60Desconozco si es de buena educación o no reseñar una serie que fue cancelada nada más terminar su primera temporada, pero lo haré, emocionada y con la voz rota, porque creo que es la mayor injusticia desde que intentaron desahuciar a Chanquete de su barco.

 Studio 60 on the Sunset Strip es la última perla que Aaron Sorkin llevó a televisión. La serie, estrenada en 2006 y protagonizada por Matthew Perry (Friends) y Bradley Whitford (El ala oeste de la Casa Blanca) cuenta los pordentros de una popular y ficticia serie de sketches de comedia, algo tipo Saturday Night Live, mítico programa que ha servido como trampolín a miles de humoristas americanos.

Tras el caos que se desata cuando el director del programa se desmelena frente a las cámaras y suelta una retahíla de verdades incómodas, Matt Albie (Perry) antiguo jefe de guionistas del programa y Danny Tripp (Whitford) antiguo productor ejecutivo, regresan a Studio 60 para resucitarlo y devolverlo a los primeros puestos de audiencia. Debo admitir que Danny Tripp, sin llegar a ser ni por el forro prototipo de chulazo televisivo, llegó a enamorarme de tal manera que sopesé seriamente poner su foto en mi taquilla.

En el viaje les acompañan excelentes secundarios, entre los que destaca Amanda Peet (Syriana) en la piel de Jordan McDeere, presidenta de la cadena recién llegada, joven, lista y cañón, cuya historia de amor con Tripp es una de las más maravillosas y enigmáticas que he visto en mi vida. De ésas que empiezan despistadas y en un momento te explotan dentro, de ésas de reír y llorar todo a la vez, todo muy loco.

La serie no sólo pretende hacer reír, también vapulear en la medida de lo posible el entumecimiento de la sociedad americana frente a un monopolio televisivo más preocupado de ganar dinero que de ofrecer productos de calidad…. Mmmm no sé por qué me suena de algo todo esto… Entre medias, desencuentros amorosos, guerras de poder, prisas, egos inflados, drogas, religión, política y sexo, aderezado todo ello con planos secuencia de tal densidad y duración que terminan contándote tres historias y dos pares de chistes en minuto y medio. Una maravilla, señores. Se lo juro.

Es una pena que la NBC y el público americano no dieran una oportunidad a un gran argumento, lleno de historias que se trenzan a un ritmo perfecto, y a unos diálogos soberbios, de diez, de levantarte y aplaudir. Una pena que a ellos no les gustase, porque el resto del mundo se ha quedado sin más.

Grande Studio 60 y me importa un pito lo que diga la NBC.

Gracias, Madre.

Blog de Madre es sabia y es escribir con más referencias que yo, eso está claro. Por algo ella tiene libro en el mercado y yo me conformo con que me dé tiempo a abrir uno de vez en cuando. Así estamos… A mí Studio 60, regulín, el Perry no me cae muy allá y además parece que no acaba de cuajar, le acaban de cancelar su última serie (Go On)pero tiene momentos y personajes únicos, como descubrir al mítico Howard Wolowitz, o más bien al actor, fuera de Bing Bang Theory… Solo por eso, y por ver los entresijos de la tele americana, merece la pena. Aunque me gusta más The Newsroom, llámame nostálgica.

7. Juego de Tronos, o esa serie que no puedo dejar de ver…

Aunque por dentro esté sufriendo muchísimo porque ya sé lo que va a pasar después. Y claro, una que ya se ha leído todos los libros que ha escrito el buen orondo y barbudo señor Martin, ya sabe que lo que se acercan son desgracias. Y para quien menos te lo esperas.

Juego de TronosMe leí los libros como quien devora un paquete de donetes. O de filipinos blancos. Sin freno. Sin remordimientos. Sin calorías. Pasándome estaciones de metro. Un frenesí de muerte, dragones y banda sonora espectacular.

Y claro, cuando supe que habría serie, un escalofrío recorrió mi espina dorsal de fanática devoradora de libros. Porque, con la que había montado el autor, ¿qué pasaría si la cagaban en la serie? ¿Sería algo tan raruno y tan kitch como aquella película del Señor de los Anillos de hace miles de años antes de Peter Jackson?

Vamos, que lo que siempre pasa, cuando adoras una historia, te has enamorado de sus personajes y has vivido, y muerto, con ellos, y hasta le has puesto banda sonora… Cuando te dicen que hay peli, o serie, pues acojona. Y mucho.

Y con esta serie, qué voy a decir…

Que está muy bien hecha, salvo algunos detalles, sobre todo en la parte del muro, que no me convencen, quizás porque ya tenía hecha otra idea totalmente distinta en la cabeza. Y, por supuesto, molaba mucho más la mía. Y eso hace que la serie, aún siendo muy buena, nunca esté a la altura. Mala suerte.

Que no entiendo y no soporto que no sean estrictamente fieles a la historia. Cuando introducen algún cambio, me indigna, me enfada y me hace revolverme en mi sitio y empezar a musitar para mí misma o a mi santo, que no se los ha leído y que, por lo tanto, ni se inmuta: “así no es, ¡así no es! ¡eso no pasa en el libro! Pero, ¿esto qué es?” (léase con voz de Pepe Navarro encolerizado).

Que odio, ODIO, al actor que han elegido para Jon Snow, que casualmente es de los que menos me gustan en el libro.

Que las cejas de Danaerys me intrigan sobremanera, y en los planos en que aparece esa actriz toda mi duda es… ¿se las tiñe? ¿son postizas? Es de los que, en los libros, me aburre más, y en la serie, también. Aunque los dragones molan, eso sí.

Que el mayor acierto son los hermanos Lannister, con Tyrion a la cabeza, como el mejor, casi, casi, de la serie. Tiene un inglés exquisito y escucharle en versión original es un placer inconmensurable (relativizando, claro…)

Que la cabecera me emociona y casi es lo que más me gusta de todo. Soy así de impresionable.

Que me intriga cómo va a continuar cuando se acaben los libros. ¿Serán capaces las productoras y la cadena de convencerle para que termine de una santa vez todo este tinglao?

Pero sobre todo, que no deberías leerte los libros antes de ver la serie porque ya nada será lo mismo.Edd Stark

6. Vikings, una serie de machotes

VikingsQue los vikingos eran brutotes, y rubios, lo tenía más o menos claro. Que no llevaban cuernos lo escuché el otro día en un programa de viajes de no sé qué canal (como veréis, precisión y gusto por el detalle, jeje). Que les gustaba más un barco que a un tonto un lápiz, pues también, más o menos, era fácil de esperar. Que Thor era también un bestia, bueno, como el resto de los dioses, que no se andaba ninguno con chiquitas.

Hasta ahí toda mi sabiduría sobre los vikingos y sus costumbres. Así que cuando en el listado de la EZTV que visito a diario aparecieron los “amables” rubiacos me picó la curiosidad. ¿Qué podía esperar de una serie con tintes históricos firmada por el mismo tipo que hizo Los Tudor, osea Michel Hirst, de la cual me echaré una cutre-reseña pronto? Pues por lo menos una buena factura, estupenda banda sonora, una ambientación muy cuidada, aunque no seré yo quien detecte si cometen errores de bulto en el vestuario o el idioma, y en definitiva, una serie entretenida. Desde luego, los paisajes son de impresión, los actores son bastante desconocidos, y también bastante nórdicos y guaperas, los muy rubios, salvo el impagable Gabriel Byrne, que además de moreno y con pinta de primo adoptado, es bien conocido y, además, así como medio maluno.

Y, si Girls estaba claro que es y será una serie de chicas, aquí no puedo más que confirmar lo contrario. Es una serie de, por y para machotes de pelo en pecho y muchas ganas de romper mesas con los pectorales mientras gruñen, ven la Super Bowl y escuchan el Larguero en el pinganillo (¿lo siguen poniendo, a todo esto?).

Y he de decir que a mí me ha cansado bastante toda esa violencia explícita que desprenden esos seres medio primitivos y buenorros con toques trascendentales y de “soy algo más que un bruto que mato gente cuando bajo de mi barco y voy a descubrir el Oeste…” Pues mira que bien.

Y esas mujeres vikingas… Qué voy a decir de las palizas que se pegan marido y mujer rubios y vikingos para arreglar sus diferencias conyugales… Pues que la verdad es que molan, para que nos vamos a engañar. Al menos dan caña hasta que las ponen en su sitio, que para algo era el siglo 9 d.C, ¿pero dónde vas con esas ínfulas, chata? Que aunque pegues mandobles a discreción eres la esposa y a ti no te toca navegar y descubrir mundo, lo tuyo es quedarte en casa con los críos y cuidarme el ganado, mujer! En fin, el personaje de la mujer tiene recorrido y parece interesante, pero no me termina de enganchar. Será que no me la creo mucho, será que, como su santo, pone cara de “te voy a dar un mamporro que te voy a poner los dientes de corona” y como que no me cae bien.

Resumiendo, que es una mini-serie de aventuras movidita, de bastante batallita y mucho barbudo gritón. El protagonista no me encanta, y el argumento, héroe que desafía las leyes y lo establecido para descubrir nuevas tierras y la gloria, pues que me deja un poco como igual. Dicen que habrá segunda temporada. Por si se entusiasman con la primera o se encariñan con los protagonistas.

Porque aunque no sea mi preferida, la serie mala, mala, no es. Y al menos es corta. Que eso, en ciertos casos, es de agradecer.

Se la recomiendo: a los amantes de la historia menos romántica y con violencia más realista, sin efectos especiales notables y actores desconocidos.

5. Reseña invitada: Sons of Anarchy by Mamá en Alemania

Sons of AnarchyNo tengo ni idea de cómo empecé viendo esta serie, y es que así como buena pinta no tiene.

Además, que a mí ni me gustan las motos, ni los cueros, ni el rollo rock and roll macarra con rosas tatuadas.

Para colmo de males, la primera impresión durante el primer capítulo es la de un grupo de viejetes en moto, un club en decadencia y un garage. Y ya. Todos muy viejos y como pasados de rosca.

Pero algo tuvo la trama, que me dejó como en suspense, y así fui encadenando capítulos como una energúmena hasta acabar la quinta temporada casi sin uñas y cruzando los dedos para que la sexta salga pronto.

Sons of Anarchy es un dramón a la altura de Dallas. Pero en moto. Hay de todo:

Acción, amor, secretos desenterrados, dramas familiares, intriga, traición. Un culebrón, vamos. Pero de los que molan; de esos en los que los personajes te van cayendo mal, luego bien, luego mal otra vez, luego no sabes muy bien. Los malos no son malos del todo, los buenos tampoco son santos, la policía no es tonta, aunque a veces lo parece. Todo muy normal y muy extraordinario al mismo tiempo. Y en moto, claro, pero eso ya lo había dicho.

La trama gira, sobre todo, en torno al club, Sons of Anarchy, que resulta ser una tapadera con visos de secta, para el tráfico de armas. Así dicho suena mal – y es malo – pero, de alguna manera, los miembros te acaban pareciendo justicieros. Ellos vigilan que no haya drogas en su ciudad, vengan a mujeres maltratadas o violadas, a comerciantes víctimas de otras mafias… y adoran a su club por encima de todo.

Como en todas las series que llevan ya unas cuantas temporadas a sus espaldas, hay algunas mejores y otras peores, pero son todas buenas. Y los actores, geniales.

Eso sí, es una serie como para empezar a finales de otoño, porque es para zampársela entera y del tirón. Aunque no te gusten las motos ni el rock and roll.

*Mamá en Alemania es una bloguera virtuosa, teóloga, madre de tres criaturas, bienpensante (y a veces, también malpensante) y publica libro ya mismo. No se lo pierdan, o se les quedará la boca como al prota de Homeland, atrofiada y de piñón. Quién avisa…

4. Homeland, o cómo amar una serie y odiar a sus protagonistas

HomelandYa he terminado la segunda temporada de Homeland y no puedo negar que me ha encantado, una vez más. Si la primera temporada te mantiene hasta el último segundo con el culo apretado y sin saber muy bien si el tio pelirrojo es bueno o malo, y si va saltar todo por los aires o no, en la segunda temporada el final también te deja con esa sensación.

Es bastante rápida, casi siempre y te mantiene atento y deseando ver qué pasa en cada capítulo, vamos, lo normal en una serie de intriga. Solo hay algunos capítulos en los que se atasca un poco la trama, igual que en la primera temporada, porque le dedica casi más tiempo a los sentimientos de los personajes que a la trama de espionaje. Y claro, al menos para mí, los personajes principales, casi todos, son lo más odioso del mundo.

El pelirrojo protagonista: parece que no es capaz de abrir la boca por una secuela de la guerra esa en la que estaba metido. Es una mueca perpetua y se pasa la serie sudando. No lo soporto, desde el minuto uno quiero que explote él mismo, que se autoinmole y que nos deje tranquilos.

La rubia, sí, la de Es mi vida y sí, es insufrible: Se pasa de atormentada y de tics de enferma. Tampoco la soporto, ni empatizo con ella, ni la entiendo porque aunque esté enamorada del boquita de piñón y el amor es ciego, es para abofetearla sin parar durante toda la serie. Parece que se le van a salir los ojos de las órbitas en cada escena y no hay mujer ni detective ni enferma mental que no se toma las pastillas más odiosa.

La hija babosa: si a los de antes les tengo poco aprecio, a esta sí que la fulminaba del guión a porrazos con la máquina de escribir de las de antes, las que pesaban ocho kilos cada una. A la adolescente parece que le han encargado el papel de ser la niña repelente más metomentodo, insulsa, deprimente y alargamangas de los jerseys que me he echado a la cara, y la subtrama de la segunda temporada con la niña como protagonista era el momento que si hubiera podido hubiera aprovechado para ir al servicio o cambiar de canal. No me aportaba nada útil, se pasaba el día llorando y encima no se le entendía nada cuando hablaba. Algo que he de reconocérselo a los guionistas coincide con su padre, mira tú.

Estos tres son el objeto de mi iras y por los que más de una vez he pensado en abandonar la serie.

Pero teniendo en cuenta que me recordaba mucho a mi amada, mi adorada, mi vilipendiada Rubicon, y no es casualidad ya que compartían guionistas, y el papel fundamental del mejor personaje de la serie, el estupendo y casi irreconocible Mandy Patinkin, alguien a quien creo que toda mi generación conoce y venera por ese gran “hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate para morir”, pues no he cedido ante los protagonistas.

Y seguiré hasta la tercera. Así soy de masoquista.

Y aquí les dejo una parodia con la que me reí de lo lindo, qué grandes los de Saturday Night Live!

3. American Horror Story I y II: historias bizarras para no dormir

Cartel 1A mí me han encantado. Las dos. Debe ser que me va el horror más que a Bono, el del PP, un pelo sin familia al que acoger. Me encanta el miedo, que no la angustia. Y estas dos temporadas han sido justo la dosis de sangre, monstruos, nazis, fantasmas, psicópatas y engendros varios que necesitaba para comprobar que, ciertamente, la realidad siempre supera la ficción.

A ver, la primera temporada fue mucho más divertida. La historia de familias disfuncionales y fantasmas más disfuncionales aún me atrajo desde el primer día. Sobre todo porque a pesar de que daba un poco de miedillo, de esos en lo que apartas un poco la mirada de la pantalla cuando intuyes un sustaco, tenía un sentido del humor y un morbazo sexual explítico que hacía las escenas más tenebrosas mucho más llevaderas.

No me gustaban los protas, no los actores, sino sus personajes. Tanto el matrimonio que vive problemas conyugales como la hija adolescente y conflictiva me resultaron antipáticos desde el principio. Pero cuando entran en acción los secundarios, ahhhh, la cosa cambia. Qué secundarios de lujo, esa señorona que es Jessica Lange y que desde que entra en escena sabes que mola, ese chaval atormentado y con secretos turbios que conquista a la hija, esa sirvienta a ratos anciana de mirada distraída, a ratos pibonazo calenturiento… Podría hablar de todos los personajes y me quedaría corta. Me gustan todos. Menos los protas. Quizás por eso me encanta como se desarrollan los acontecimientos. Y no cuento nada más porque aquí los espoilers son de cadena perpetua.

En cuanto a la segunda temporada, la empecé con pena porque me cambiaban el escenario. Ya no estábamos en la mansión encantada de la primera, sino en un asilo claustrofóbico, oscuro y lleno de gritos que estuvo a punto de hacerme tirar la toalla, o el torrent, como se quiera ver. Menos mal que aguanté los cuatro o cinco primeros capítulos y tiré para adelante sin mirar atrás, porque ahora que la he finiquitado me alegro infinito.

Repiten algunos actores de la anterior, inmejorable Jessica Lange, que debió dejarse años de vida en ese papel de monja durísima con buen fondo, muy muy muy al fondo, o Zachary Quinto, ese súper malo de Heroes, pero no sus personajes. Toca resetear el sistema y borrar lo aprendido para verla sin prejuicios porque no tiene mucho que ver con la predecesora. Menos sentido del humor, más drama, más ida de olla de los guionistas en cuanto a torturas, ensañamientos sangrientos y giros de esos de “¿qué se han tomado estos para escribir eso?” y más negrura existencial. Debían estar pasando por un mal divorcio, una inspección fiscal o una etapa dura con las almorranas, porque las perrerías a los protagonistas son interminables. Además, de vez en cuando aparecen subtramas o personajes que más que aportar, distraen, como el Papá Noel asesino o la pareja de enamorados que abren la temporada. Prescindibles, para mí.

Menos mal que el hilo argumental sobrevive a las escenas gore y alucinógenas y encontramos algo de aire al final, para cerrar el círculo y alegrarnos al menos de haber sido capaces de terminarla y no haber vomitado en el intento.

Recomendables ambas temporadas si te gustan las tramas medio absurdas pero bien construidas, Jessica Lange, los fantasmas y/o la muerte en toda su amplitud y posibilidades y que los guionistas jueguen cruelmente con sus personajes, siempre y cuando al final te dejen a ti satisfecho.

Ah, y la cabecera, de Cesar Dávila, es la leche, especialmente en la primera temporada. Lo mejor que he visto en mucho tiempo.

2. Utopia: Jesus Christ!

UtopiaSolo he visto dos capítulos de esta serie británica (los que han salido, ni más ni menos) pero ya estoy en estado de shock. Me pasó algo similar con The Shadow Line, otro serión británico de los que te dejan con la boca abierta y repitiendo el Jesus Christ tras  las escenas más truculentas.

Pero Utopia es una evolución, para mí, de la anterior. Tiene una trama algo más sencilla de entender, aunque las tramas sencillas no son la especialidad de las series británicas, por eso me chiflan.

Como The Shadow Line, Utopia cuida la estética, lo que pasa fuera de plana, los silencios, lo que no vemos y lo que vemos, con la misma fuerza, generando en el espectador, vamos, en mí, no voy a generalizar, una ansiedad de esas conocidas como “ansiedad del copón”. De hecho, después de terminar ayer el segundo episodio tuve que ponerme uno de Portlandia para compensar y poder dormirme algo menos preocupada.

El argumento es de traca: un grupo de fans de un cómic (o mejor dicho, novela gráfica) llamado Utopia Experiments se conocen a través de un foro de Internet, y a ellos, cuatro simpáticos personajillos entre los que vemos a Curtis de Misfists, les empezará a pasar de todo de la mano de una pareja muy peculiar, uno de ellos el maromo del cartel, que yo cada vez que le veo me pongo a sudar…

Y sudo mucho porque en ésta y otras series británicas muere hasta el apuntador, tenga el rol que tenga (mira, como en los libros de George R R Martin) y los que parecen buenos no lo son tanto, y el malo de turno te mola más que ningún otro… Es un poco momento “confusión” pero la mezcla de personajes tarados, situaciones surrealistas llenas de planos imposibles, asesinatos imaginativos en los que no sabes si apartar la mirada o no quitarla para no perderte ni un detalle y una música hipnótica y muy adictiva eran lo que me faltaba para declarar mi amor total, incondicional y devoto a las series de nuestros vecinos.

Por cierto que para aumentar mi ansiedad tenía que estar el imprescindible Stephen Rea. Este tío, que también estaba en The Shadow Line, como no, es un “mostruo” como diría Rosario. Te está sonriendo pacíficamente, ahí, apoltronado en su sillón de tipo poderoso, cuando de repente hace una mueca y te hiela la sangre. Una pieza más de un puzzle de personajes retorcidos y siniestros que, francamente, me tiene obsesionada.

Le auguro a Utopia una vida corta pero legen-dary, al menos en mi pantalla.

Se lo recomiendo a frikis tarados como yo, mentes complicadas, amantes de Tarantino, del cómic apocalíptico y de la reina Isabel II.

Ah, que se me olvida poner una muestra de la BSO de un tipo llamado Cristobal Tapia de Veer: