Saturday Night Live

4. Homeland, o cómo amar una serie y odiar a sus protagonistas

HomelandYa he terminado la segunda temporada de Homeland y no puedo negar que me ha encantado, una vez más. Si la primera temporada te mantiene hasta el último segundo con el culo apretado y sin saber muy bien si el tio pelirrojo es bueno o malo, y si va saltar todo por los aires o no, en la segunda temporada el final también te deja con esa sensación.

Es bastante rápida, casi siempre y te mantiene atento y deseando ver qué pasa en cada capítulo, vamos, lo normal en una serie de intriga. Solo hay algunos capítulos en los que se atasca un poco la trama, igual que en la primera temporada, porque le dedica casi más tiempo a los sentimientos de los personajes que a la trama de espionaje. Y claro, al menos para mí, los personajes principales, casi todos, son lo más odioso del mundo.

El pelirrojo protagonista: parece que no es capaz de abrir la boca por una secuela de la guerra esa en la que estaba metido. Es una mueca perpetua y se pasa la serie sudando. No lo soporto, desde el minuto uno quiero que explote él mismo, que se autoinmole y que nos deje tranquilos.

La rubia, sí, la de Es mi vida y sí, es insufrible: Se pasa de atormentada y de tics de enferma. Tampoco la soporto, ni empatizo con ella, ni la entiendo porque aunque esté enamorada del boquita de piñón y el amor es ciego, es para abofetearla sin parar durante toda la serie. Parece que se le van a salir los ojos de las órbitas en cada escena y no hay mujer ni detective ni enferma mental que no se toma las pastillas más odiosa.

La hija babosa: si a los de antes les tengo poco aprecio, a esta sí que la fulminaba del guión a porrazos con la máquina de escribir de las de antes, las que pesaban ocho kilos cada una. A la adolescente parece que le han encargado el papel de ser la niña repelente más metomentodo, insulsa, deprimente y alargamangas de los jerseys que me he echado a la cara, y la subtrama de la segunda temporada con la niña como protagonista era el momento que si hubiera podido hubiera aprovechado para ir al servicio o cambiar de canal. No me aportaba nada útil, se pasaba el día llorando y encima no se le entendía nada cuando hablaba. Algo que he de reconocérselo a los guionistas coincide con su padre, mira tú.

Estos tres son el objeto de mi iras y por los que más de una vez he pensado en abandonar la serie.

Pero teniendo en cuenta que me recordaba mucho a mi amada, mi adorada, mi vilipendiada Rubicon, y no es casualidad ya que compartían guionistas, y el papel fundamental del mejor personaje de la serie, el estupendo y casi irreconocible Mandy Patinkin, alguien a quien creo que toda mi generación conoce y venera por ese gran “hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate para morir”, pues no he cedido ante los protagonistas.

Y seguiré hasta la tercera. Así soy de masoquista.

Y aquí les dejo una parodia con la que me reí de lo lindo, qué grandes los de Saturday Night Live!

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