The Blacklist

13. The Blacklist, o quién se comió a James Spader

Estoy aún en shock con The Blacklist, la verdad. Y no por la serie en sí.

El argumento no es que me haya dejado muerta con su originalidad. Tiene un guión así medio engañoso, lleno de trampas para el espectador y los protagonistas que a la segunda ya te estás esperando. Y como son capítulos, en teoría autoconclusivos, con una línea argumental, el pasado de la prota y de los que la rodean, pues una vez visto uno ya le coges el truquillo. Va de thriller psicológico, pero se queda en peli de prisas, carreritas y juegos de miradas intensas entre la chica prota, que ni fu ni fa y el malo-bueno-malo que sirve como confidente para la CIA: Personalmente para que me tienten mentalmente y se puedan autodenominar thriller psicológico prefiero, y con mucho, la oscuridad, los silencios y al suecazo de Hannibal.

Si te gustan las historias de espías con un par de actores reciclados de Homeland, con buenos que se convierten en malos y viceversa, y que te cambien la historia en un minuto, pues adelante. No creo que defraude mucho dentro de lo que propone: buenos, ejem, persiguen a los “high level” de los malísimos gracias a la ayuda de uno de ellos, que es la sorpresa y el shock de la serie, al menos para mí…

Un señor entrado en años y en carnes y con un afeitado radical que gracias a las fotografías de su pasado he descubierto que era ¡James Spader! Por dios, James, ¿qué te ha pasado? ¡Pero si hace nada eras un muchacho! Vale que no te he seguido en Boston Legal, y que tal vez ahí ya se te iba viendo coger carrerilla, pero el susto ha sido como para caer de espaldas. Y sí, ya ha llovido desde Sexo, mentiras y cintas de vídeo pero James, James, ¡es que no pareces el mismo!

En fin, una vez sobrellevado el sustaco monumental, tengo que decir que el personaje me gusta lo suficiente para seguir viendo la serie al menos un par de capítulos más y me convence en su estado medio envejecido. No seré yo quien le ataque por llevar con naturalidad sus añetes, faltaría más. Y además, al tipo que interpreta le da verosimilitud. Mola ver personas con edades más reales en pantalla, porque sí que es cierto que cuando veo a su colega Dylan McDermott en American Horror Story o en Hostages y piensas que se llevan un añito de diferencia… ¡madre mía!

Resumiendo, que la serie se deja ver, aunque no me impacta ni creo que deje huella en la historia de las series.

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