The Newsroom

The crazy ones

12. The Crazy Ones, y la publicidad más histriónica

The Crazy Ones es una cosa raruna, la verdad. Cuando vi la sinopsis, que incluía una agencia de publicidad hoy en día, me pareció interesante por deformación profesional, al menos para empezar a verla y decidir si la descartaba o no. Los protagonistas, sin embargo, me dejaron con el ceño fruncido: Robin Williams, que puede ser too much a veces y Sarah Michelle Gellar, ni más ni menos que la mismísima Buffy Cazavampiros. Ufffffffffffffff.

Con más miedo que vergüenza me puse los dos primeros capítulos y aquí mis conclusiones:

Robin Williams parece que se ha tomado algo en dosis seguramente ilegales. No es normal ese muestrario de ticks, muecas, gestos rarunos, voces, y espasmos en 20 minutos que dura el capítulo. Claro, alguna de todas esas muestras de locura tiene gracia, pero, en mi opinión, tanto histrionismo es demasiado histrionismo y desborda. Y satura.

– La otra en cuestión, Sarah Michelle Gellar, para mí siempre será Buffy, qué le vamos a hacer. Y no es que lo haga mal. Ni bien. Es que no me convence. No me la creo para nada como publicitaria. Está como muro de contención de su padre, el amigo Robin, y no como un personaje con entidad. Que claro, para 20 minutos aguantando las muecas de Williams, ¿para qué queremos un personaje consistente? Con responder a la incontinencia verbal del primero, estar mona y saberse el guión tiene suficiente.

– Me gustan y me parecen un acierto (aunque dudo que dure mucho la serie, la verdad) los secundarios. Tanto James Wolk, los seguidores de Mad Men le conocemos como Bob Benson, está claro que lo suyo son su sector es la publicidad, como Hamish Linklater al que nos encontrábamos como el causante de los problemas de la segunda temporadas de The Newsroom, son estupendos y aportan unos minutos de frescura a la sesión de “cómo me parto conmigo mismo” de Williams.

– Obviamente no es, para nada, un reflejo de la realidad publicitaria. Si acaso sería más parecido a un parque de atracciones con Williams como entretemiento único. Quien busque algo de contenido real, que busque otra serie, por favor.

No creo que siga mucho tiempo en la parrilla. La serie de David E. Kelley es totalmente evitable, prescindible y no pasará a la historia.

Ahora bien, si podéis, os recomiendo encarecidamente que veáis el primer capítulo, única y exclusivamente para deleitaros con una de las escenas que más risa me han producido en mucho tiempo. Williams y Wolk convirtiendo un anuncio de MacDonalds en algo sexual frente a Kelly Clarkson. Solo por ese minuto merece la pena haber empleado unos minutos en ella, así que no os lo perdáis.

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11. The Newsroom, una serie estupenda que no siempre entiendo

The NewsroomEsta serie engancha, a mí al menos me ha enganchado.  Tiene buenos actores, muy buenos guiones, personajes no excesivamente molestos en general, con algunos momentos brillantes y con muchas, muchas palabras. Y es que hablan mucho. Muchísimo. Y muy rápido.

No es que tenga nada contra la costumbre de hablar tanto y a tanta velocidad, pero cuando te gusta ver series y pelis en versión original y has sido lo suficientemente perro como para no descargarte los subtítulos, entender sin perderte ni un poco los diálogos, monólogos a veces de Jeff Daniels o de Emily Mortimer era misión imposible. Además de saberse el texto de maravilla, encima es que mezclan temas de lo lindo, que no me parece mal porque yo también lo hago, y lo que iba para discurso sobre el Tea Party (que algún día acabaré de entenderlo) termina siendo una disertación sobre la vida amorosa del protagonista, su ego o cualquier otro tema que se les ocurriera a los guionistas. Que no digo que no me parezca bien, que noooo. Que lo único que digo es que a veces, solo a veces, eran un pelín complicados de seguir…

Vamos, con lo despacico y lo bien que habla Charlie, el fantástico Sam Waterston, que da una paz ese hombre…

Pero bueno, tengo que reconocer que los diálogos acelerados, surrealistas muchas veces y salpicados de múltiples referencias americanas (que también se pueden escapar) son también uno de los principales alicientes de esta serie. Si no fuera por esa chispa, y porque de repente los personajes parezca que se han vuelto locos, me parecería menos interesante, menos colorida.

Soy periodista y supongo que empecé a verla por eso, igual que empecé a ver Mad Men porque también he trabajado en publicidad y me atraía enormemente ver cómo representaban ambas series esos mundos. Pero la verdad es que en ambos casos la serie supera la realidad con sus tramas y se universalizan muy bien. Aunque a los segundos, sin subtítulos los entiendo mucho mejor que a los de Aaron Sorkin.

Si tengo que elegir, el personaje que menos me gusta a lo largo de las dos temporadas es el de Maggie. Ummmm, no, no me convence nada, ni me lo creo mucho, ni empatizo con ella ni con sus circunstancias. Lo del autobús y Sexo en Nueva York y la jugada del vídeo en Youtube no me lo creo, sorry.

Jeff Daniels, el impertérrito, … Me gusta cuando la caga, pero esa persistencia en contarnos que es republicano y ataca a todos por igual, pues me cansa bastante. Pero bueno, en general bien. Ella, Emily Mortimer me encanta por su acento british mucho más sencillo de pillar, y bastante desquiciada. Me gustan como pareja y aunque me desconciertan algunas de sus luchas dialécticas, son de lo mejorcito de la serie.

Como lo son Sloan y Don, dos personajes secundarios, muy inteligentes y  que van ganando con los episodios y que se han convertido en mis preferidos. El puñetazo de Sloan a un ex malvado es, aunque explícitamente violento, también tremendamente reconfortante como espectadora maliciosa.

He visto por ahí que tienen tercera temporada, así que lo celebro con champán, o cava. O café, si vale.